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Qué prácticas fortalecen el sistema inmunitario del ganado en la agricultura sostenible

2026-03-12 13:45:20
Qué prácticas fortalecen el sistema inmunitario del ganado en la agricultura sostenible

Nutrición que apoya el sistema inmunitario: desde el suelo hasta el rumen

Salud del suelo y calidad de los forrajes como moduladores inmunitarios fundamentales

La salud de los ecosistemas del suelo desempeña un papel fundamental para apoyar la inmunidad del ganado, sentando básicamente las bases de la nutrición que adquiere el forraje. Los suelos ricos en minerales tienden a producir pastos abundantes en fitonutrientes, como flavonoides y terpenoides. Se ha comprobado que estos compuestos potencian la resistencia a enfermedades en los animales que pastorean sobre ellos. El forraje que contiene más del 12 % de proteína bruta, junto con componentes fibrosos bien equilibrados, favorece la creación de condiciones óptimas dentro del rumen. Esto conduce a mejores procesos de fermentación, que generan los ácidos grasos volátiles necesarios para la producción de células inmunitarias. Los agricultores que aplican métodos sostenibles, como la siembra de cultivos de cobertura, observan un aumento del 15 al 30 % en la materia orgánica del suelo. Esta mejora incrementa la disponibilidad de micronutrientes en el forraje, reforzando lo que podría considerarse el propio sistema de defensa natural contra las enfermedades en el ganado.

Micronutrientes equilibrados y función de las células inmunitarias

Los minerales traza desempeñan funciones fundamentales como cofactores en la señalización inmunitaria de nuestro organismo y en la defensa celular. Tomemos, por ejemplo, el zinc: ayuda a mantener la integridad de las barreras epiteliales y promueve el crecimiento de linfocitos. El selenio actúa de forma distinta, al impulsar enzimas antioxidantes como la glutatión peroxidasa, que protegen a las células inmunitarias frente al estrés oxidativo. Las enzimas dependientes del cobre contribuyen a una defensa más robusta del tejido conectivo e incluso ayudan en la producción de anticuerpos. Cuando estos minerales escasean, la resistencia del organismo disminuye notablemente. Por ejemplo, los ganaderos lecheros han observado un fenómeno interesante: las vacas que no reciben cantidades suficientes de vitamina E desarrollan mastitis aproximadamente un 40 % más frecuentemente que aquellas que reciben cantidades adecuadas. Por ello, resulta razonable seguir las directrices del NRC al suplementar a los animales. Lograr el equilibrio adecuado es fundamental, ya que tanto su déficit como su exceso generan problemas, y encontrar ese punto óptimo puede ser difícil en la práctica.

Nutriente Función inmune Rango objetivo (mg/kg MS)
Cinc Integridad de la barrera 40–60
Selenio Defensa Antioxidante 0.3–0.5
Cobre Producción de anticuerpos 10–15

Prebióticos, probióticos y postbióticos para la resiliencia inmunitaria de los rumiantes

Los modificadores digestivos adecuados crean un entorno equilibrado en el intestino donde las bacterias beneficiosas pueden prosperar y combatir a las patógenas, además de ayudar a regular el sistema inmunitario. Tomemos, por ejemplo, los prebióticos, concretamente los manano-oligosacáridos o MOS, como se les conoce en el laboratorio. Estas sustancias alimentan ciertas cepas de Lactobacillus, lo que ayuda a reducir las infecciones por Salmonella en aproximadamente dos tercios, según estudios. Luego están los probióticos, como las esporas de Bacillus subtilis, que estimulan efectivamente la producción de IgA en las membranas mucosas, otorgando al intestino una capa adicional de protección frente a los agentes invasores. Tampoco hay que olvidar los postbióticos: sustancias como el butirato actúan en segundo plano para calmar la inflamación al inhibir la activación de NF-kB. Cuando todos estos elementos actúan en conjunto, las vacunas también funcionan mejor. Algunas pruebas recientes mostraron que las personas que recibieron postbióticos derivados de levadura generaron aproximadamente un 25 % más de anticuerpos específicos frente a los antígenos, comparadas con los grupos de control.

Sistemas de pastoreo que apoyan el sistema inmunitario mediante la biodiversidad

Composición diversa del césped y consumo de forraje rico en fitonutrientes

Los pastos con múltiples especies vegetales potencian la inmunidad animal no solo porque hay más alimento disponible, sino también por los compuestos que contienen esas distintas plantas. Las leguminosas de trébol rojo aportan isoflavonas que ayudan a regular la inflamación en los animales, y la llantén mayor contiene aucubina, un compuesto que parece mejorar el funcionamiento de los neutrófilos en el organismo. Estudios indican que el ganado que pasta en campos con al menos ocho especies vegetales diferentes presenta aproximadamente un 40 % más de inmunoglobulinas en comparación con los animales alimentados exclusivamente con una única variedad de hierba. Lo que hace especialmente interesante este fenómeno es que las mezclas vegetales diversas garantizan de forma natural que los animales reciban cantidades suficientes de micronutrientes importantes, como el zinc y el selenio. Estos nutrientes se absorben mejor cuando las raíces de distintas plantas interactúan con los microbios del suelo mediante sus exudados. En esencia, observamos un patrón según el cual los pastos variados conducen a perfiles nutricionales superiores, lo que a su vez favorece sistemas inmunitarios más robustos, tanto a corto como a largo plazo.

Pastoreo Rotacional y Exposición Controlada a Microorganismos

La rotación estratégica de pastos ayuda a desarrollar una inmunidad más fuerte en los animales mediante una exposición controlada al entorno. Cuando el ganado se traslada entre potreros cada tres a cinco días, entra en contacto con bacterias beneficiosas del suelo, como Bacillus subtilis, y además interrumpe el ciclo de los parásitos. Investigaciones han demostrado que este enfoque puede incrementar la diversidad de linfocitos en aproximadamente un 28 % en comparación con dejar que los animales pasten de forma continua en un mismo lugar, lo que indica una mejor memoria inmunitaria a largo plazo. El período de descanso de los potreros reduce hasta en un noventa por ciento las larvas nocivas de nematodos, por lo que los agricultores no necesitan depender tanto de tratamientos químicos. Además, al esparcir naturalmente sus excrementos en distintas zonas durante estas rotaciones, los animales devuelven microorganismos beneficiosos al suelo. Esto favorece un crecimiento vegetal más sano y rico en nutrientes la próxima vez que broten las plantas, creando un ciclo autosostenible que beneficia tanto a la tierra como a los animales que viven en ella.

Diseño del entorno agrícola que favorece el desarrollo del sistema inmunitario

Instalaciones de bajo estrés y transferencia natural del microbioma

Un diseño de infraestructura reflexivo fortalece la inmunidad no al eliminar los desafíos, sino al reducir el estrés crónico y permitir un intercambio microbiano constructivo. El confinamiento prolongado eleva los niveles de cortisol entre un 30 % y un 50 %, suprimiendo directamente la función de los glóbulos blancos y afectando negativamente la respuesta a las vacunas. Los siguientes elementos clave, basados en evidencia científica, mitigan este efecto:

  • Amplio espacio disponible (20–30 % por encima de los mínimos establecidos por la industria) reduce la agresividad y el estrés social
  • Suelo antideslizante previene la inflamación relacionada con lesiones y las infecciones secundarias
  • Sistemas de ventilación pasiva mantienen los niveles de amoníaco por debajo de 10 ppm, protegiendo la mucosa respiratoria

La transferencia intencional del microbioma es tan importante como otras prácticas. Las superficies de madera sin tratar, las zonas donde los animales entran en contacto con el suelo y la cama de paja de buena calidad contribuyen todos a exponer tempranamente a los animales jóvenes a microorganismos. Estudios demuestran que los terneros criados sobre paja tienden a tener aproximadamente un 40 % más de diversidad bacteriana intestinal en comparación con los criados sobre suelos de hormigón. Esta mayor diversidad parece estrechamente vinculada a un mejor desarrollo de linfocitos T y a funciones reguladoras más robustas del sistema inmunitario. Incorporar, de forma controlada, tiempo al aire libre en este entorno ayuda a entrenar las defensas naturales del organismo contra patógenos mediante la exposición a los microorganismos ambientales presentes en la naturaleza. ¿El resultado? Sistemas inmunitarios más fuertes en conjunto, manteniendo al mismo tiempo los riesgos de enfermedad bajo control.